Aprendizajes…

“Mi primer escrito del año 2026”
(Y rumbo a los 26 años de esta columna de opinión el próximo 15/04/26)

Antonio Ricóveri

El sendero que nos ha traído hasta este punto de nuestra existencia no siempre ha sido luminoso… Conocemos muy bien la pérdida, la decepción, la tristeza, el valle de las sombras, la ronda del óbito, y “el velo” (ese que a veces nos empeñamos en no querer descorrer), lo cual se materializa en enseñanzas, donde, quizás, lo más difícil haya sido aprender a elegir… A elegir qué camino tomar, que puertas (por fin) cerrar, pero sobre todo: “con quien siempre”… con quien “a ratos”… con quien “nunca más”.

Este 2025 nos enseñó que los miedos no pueden pesar más que los sueños, que las decepciones que un día nos arrancaron las alas también pueden proveernos de la fuerza suficiente para alzar nuevamente el vuelo, que quien te quiere te regala el tiempo que no tiene, que hay trenes que no vuelven a pasar y que hay otros que es mejor dejar ir…

La vida nos sigue enseñando que al deambular por las sendas de nuestro proceso vital nunca falta un resplandor lunar, un rayo de sol, una luz en la oscuridad que apacigüe nuestro corazón con su oportuna brillantez, bañando nuestra senda con una refulgencia que transforma los arbustos, las malas hierbas, y las piedras del camino, en dones que alimentan nuestro espíritu.

La vida nos sigue enseñando que la belleza que nos rodea (el canto de los pájaros, la sonrisa de un niño feliz, los colores del arcoíris, una cena “en familia”, el abrazo de un buen amigo…) están hechos para conmovernos, para renovar nuestro espíritu, para creer que todo es posible… Porque el rumor de un arroyo, el susurro del viento en las altas hiervas, o las melodías llenas de evocación, están allí para ayudarnos a superar el dolor, para llenarnos de aceptación ante la pérdida, para hacernos comprender que en la vida (o en la muerte) estaremos acompañados, y que siempre debemos confiar en las sensaciones invisibles que solo nuestro corazón reconoce.

¿Y qué es la vida entonces? La vida es respirar, suspirar, sonreír, soñar, compartir. La vida son las pequeñas y las grandes cosas. Son los detalles, las miradas, los abrazos, los consuelos, los sobresaltos, los sufrimientos. La vida es un todo que trae lágrimas y risas, tristeza y alegría, indiferencia y apego, consuelo y amor. Y la clave radica en ser capaces de construir nuestro propio proceso vital, en ser protagonistas de nuestro propio recorrido, de nuestra propia historia.

Se trata de capacitarnos para interactuar armoniosamente con todos los elementos que nos rodean. Se trata de aprender de su fuerza, de avanzar sin bloquear el flujo de las vivencias, dejándonos sorprender, creciendo con las situaciones, perdonando (perdonándonos), aceptando, “dejando ir”…

Se trata de ensalzar la vida, agradeciendo cada minuto, apreciando cada instante, viviendo a plenitud, valorando los muchos pequeños detalles que nos obsequia a través de sonrisas, abrazos, gestos amables, conversaciones sinceras, amor incondicional; compartiendo nuestra interpretación del mundo, e incluso, confiando en el orden del universo, porque las cosas pasan por algo… Porque cada evento, cada incidente, cada encuentro, es un aprendizaje que nos sirve para crecer, para evolucionar, para mejorar.

Finalmente, mi respetado lector, todo se resume en percibir la vida como lo que realmente es: Un desafío, una aventura, una oportunidad… La oportunidad de “construirnos la mejor vida posible” en este 2026.

¡Mis mejores deseos para usted, amigo lector!
Así de simple.

“Las palabras viajan… Algo siempre dejan”

Instagram:
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