¿Que tanto nos sirve «el quejarnos»?

Antonio Ricóveri

Amigo lector… ¿Sabe lo que nadie ha conseguido jamás en la vida? Prosperar quejándose. Nadie ha conseguido la victoria poniéndose excusas. Nadie ha obtenido el éxito lamentándose. Nadie. Esa actitud no nos lleva a dónde queremos ir.
Cuando yo me quejo, cuando usted se queja, le entregamos toda nuestra fuerza y vitalidad a la causa por la cual nos quejamos, a la razón de nuestra queja. Y nos convertimos en nuestras excusas.
Cada segundo que gastamos en lo que no queremos, es un segundo que le negamos al enfoque, al entusiasmo, a la determinación, al avance. A esas cosas “que sí queremos”. Y el tiempo corre… Y la mala noticia es que más que correr, “el tiempo vuela”. Pero la buena noticia es que usted es el piloto. Y usted decide en que se convierte.
Entendamos que cuando nos quejamos nos posicionamos como víctimas, como personas pasivas, inertes, que tienen poco o ningún control sobre su vida. La queja es entonces, sinónimo de victimización. Es centrarse “en lo que no tenemos”. Es un ciclo de resentimiento y escasez. Si usted se enfoca en lo que le falta se encierra en la carencia. Y cada vez que se queja (se lamenta o gime) riega las raíces de esa carencia. Es así de simple.
Amigo lector, cuando usted despierta y abre los ojos, hay algunos seres cerrándolos por última vez…. Mientras usted se queja por tener que levantarse temprano para ir a trabajar, hay muchas personas postradas en una cama sin poder moverse… Cuando usted dice que su vida es aburrida, agotadora o inutil, hay personas luchando por vivir un día más.
Entendamos que cada mañana al levantarnos tendremos dos opciones: Seguir quejándonos de la vida “que nos tocó vivir”; o hacer algo para cambiarla. Y aunque entiendo que es muy fácil caer en el hábito de la lamentación, de la queja, o del endoso de culpas a los demás; las quejas no resuelven nuestros problemas. Los problemas dejarán de serlo cuando asumamos iniciativas, cuando tomemos decisiones, cuando decidamos actuar, cuando nos volvamos más proactivos. Entonces no se trata de “esperar a que pase la tormenta”, se trata de “aprender a bailar bajo la lluvia”.
Cada amanecer es una oportunidad única, es un regalo que muchas veces damos por sentado. La vida con sus dificultades y desafíos también está llena de momentos valiosos que nos enseñan a valorar lo que realmente importa. Entonces, en lugar de enfocarnos en las quejas, agradezcamos todo lo que tenemos: Un lugar donde vivir, comida en nuestro plato, un buen par de amigos, gente noble a nuestro alrededor… Agradezcamos hasta las cosas más pequeñas.
Sentir gratitud es reconocer lo bueno en nuestra vida. Es un acto que abre puertas a nuevas oportunidades. Si nos enfocamos en lo que si tenemos, lograremos abrir el camino a la prosperidad. Cada agradecimiento nutre el árbol de la abundancia mientras que la queja trae pobreza. La gratitud transforma nuestra perspectiva y nos ayuda a darnos cuenta que, incluso, en las rutinas más monótonas hay razones para sonreír.
Respetado lector, entendamos que las quejas son un enemigo silencioso que nos mantiene atados al estancamiento y a la mediocridad. Son pretextos que utilizamos para no asumir responsabilidades, para no avanzar, porque cada uno de nosotros elige el rumbo que toma su vida tras cada decisión y prioridad que establece. No se queje más. Actúe.
Finalmente, como decía el empresario norteamericano J.C. Penney (1875-1971): “Yo no creo en la gente que se queja y que pone excusas… Yo creo en el trabajo duro como disolvente principal de los problemas de la vida”.
Así de simple.

“Las palabras viajan… Algo siempre dejan”

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