¿Cuánto vale una buena idea?

Antonio Ricóveri

        Una buena idea es solo el primer paso. Si ves lo que todo el mundo ve. Si haces lo que todo el mundo hace. Si ofreces lo que todo el mundo ofrece, no puedes ser diferente, y el éxito siempre nace allí… Lo que te hace diferente te hace especial y único. O eres original o eres fotocopia. Libres son quienes crean y no quienes copian. Copiar es solo seguir las ideas de los demás. Crear es hacer realidad nuestros sueños a partir de la nada. Es producir algo determinado a partir de nuestra capacidad artística, imaginativa o intelectual. Para crear es necesario ver la realidad de manera desacostumbrada, desarrollando la creatividad y dándole utilidad práctica.

       Arriesgarse con ideas propias es la máxima expresión de libertad. “Pensar creando” es acercarnos de manera genuina a nuestro propio éxito. Y Roberto Frost lo expresó muy bien en su poema “El camino no tomado”:

       “Dos caminos divergían en el bosque y yo tomé el menos transitado, y eso hizo que todo fuese diferente”. Entonces ser diferente supone arriesgar, salirse del discurso tradicional, atreverse a desmarcarse de lo que piensa la mayoría. Dedicarse a copiar solo permite estar en medio del pelotón

       Decía el poeta y novelista francés Víctor Hugo (1802-1885), autor de “Los Miserables”: “Se puede resistir la invasión de un ejército, pero no una idea cuyo momento ha llegado”.  Y ciertamente, abundan los ejemplos sobre ideas afortunadas… 

       El gran matemático Arquímedes (287-212 a.C) desarrolló “su principio” al introducirse en su bañera y descubrir que su cuerpo desplazaba una masa de agua equivalente al volumen sumergido. Una idea brillante marcó para Alexander Graham Bell (1847-1922) el momento exacto del nacimiento del teléfono cuando se percató de una “extraña salpicadura ácida” en su pantalón. Y Charles Goodyear (1800-1860) aprovechó un derrame de goma y sulfuro sobre una estufa caliente para comprender e idear cómo vulcanizar un caucho… Y esto aplica para cualquier ámbito del quehacer humano: Científico, educativo, artístico, empresarial, dónde “esas ideas” nacen, se gestan, prosperan, y resultan más que afortunadas si están enfocadas a alguna faena productiva, pues es allí donde el valor de esa iniciativa cobra un nuevo sentido.

        Amigo lector, la vida (sin avisar) va colocando en nuestra mente ideas que nos llevan a un descubrimiento, a una mejora, a una simplificación o a un emprendimiento, que sin saber “ni cómo ni cuándo” pueden ser capaces de darle un giro a nuestra existencia. Y muchas veces aparecen cuando apenas podemos avanzar, cuando nos sentimos atrapados, estancados, y es allí, en ese instante cuando “ese algo novedoso” nos lleva a progresar.

         Muchas de estas ideas, imágenes, percepciones, pensamientos, conceptos, reflexiones, arquetipos o modelos, cobran su importancia en el marco de las necesidades y las carencias. Entonces… ¿Cuánto vale una idea si ésta agiliza la extracción de agua en una zona árida y seca? ¿Qué valor tiene “ese vaso de agua”? ¿Se puede acaso cuantificar? De allí que el concepto de “valor” vaya en función del apuro o apremio que resuelve, de la necesidad que satisface, de su accesibilidad para ponerse en práctica o de las características del mercado en la que se quiere implementar.

        Una idea es “como una semilla” que debemos colocar en un terreno fértil y potenciarla con conocimientos, experiencias y recursos. El reto está en llevar “esa semilla” a nivel de planta, y esa planta a nivel de árbol, y que ese árbol crezca sano y fuerte para que, al final, dé frutos.

       Ustedes y yo tenemos ideas todos los días. Algunas llegarán a terreno fecundo dependiendo de nuestra habilidad para comprender su proceso de crecimiento y los elementos “claves” para sostenerla hasta convertirla en solución, en avance, en desarrollo. Por lo tanto, no está demás dejarse invadir, sacudir, zarandear por “lo nuevo” (aunque esté alejado de nuestra forma de pensar), por “la otras formas de hacer las cosas” (aunque disten mucho de nuestra rutina), si es que aspiramos avanzar, prosperar, crecer, permanecer, porque la vida insiste amigo lector… Insiste en su magnificencia, en su magnanimidad, en su elevación. Continúa regalándonos su grandeza a través de cosas maravillosas en el cielo: formas, colores movimientos. A través de amaneceres y atardeceres asombrosos. A través de cosas sencillas como un abrazo sincero. O por medio de aprendizajes que hay que asumir, aunque a ratos los perdamos de vista y tengamos que volverlos a aprender.

        Al final de todo, cualquier representación mental “de algo”, ya sea material o inmaterial, real o imaginario, concreto o abstracto, no lo descarte tan rápido, porque quizás sea la solución a todos sus problemas.

       Así de simple

“Las palabras viajan… Algo siempre dejan”

error: Content is protected !!
Scroll al inicio