¿Cuál es el principal problema del país?

Antonio Ricóveri

Amigo lector, no necesito hacer profundos análisis para llegar a la conclusión que el principal problema del país es educativo, es formativo, es la falta de valores éticos.

Diría el gran Nelson Mandela (1918-2013): “La educación es un arma poderosa que se puede usar para cambiar el mundo”… Por lo tanto, es la educación el remedio para mejorar nuestro pais, para optimizar nuestro desempeño y llevarlo al siguiente nivel… Pero hablar de educación en nuestra Patria es aludir a una de las áreas más descuidadas (y manipuladas) de los últimos lustros… Un modelo que pareciera insistir en fracasar…

Prueba de lo anterior se pone de manifiesto cuando examinamos a cualquier joven venezolano que curse la etapa media de formación básica (bachillerato): La mayoría desconoce la ortografía necesaria para escribir acertadamente sin cometer un sinfín de “horrores”, no sabe redactar en castellano legible, muy pocos manejan una cultura media elemental, pocos saben de geografía o historia, muy pocos conocen a Antonio Guzmán Blanco, a Manuel Piar; algo sobre las obras literarias de Francisco Herrera Luque o Augusto Mijares; y mucho menos quien fue Rodrigo Díaz de Vivar “el Cid Campeador” (figura central del Poema de Mio Cid), lo cual deja sin destino cierto a una gran cantidad de jóvenes venezolanos.

Al hacer un sincero acto de contrición, son muchos los pecados que en materia educativa existen: Escasez de Docentes con la preparación idónea, salarios miserables, infraestructura y servicios deficientes, deserción y exclusión escolar, bajo nivel de aprendizaje y rendimiento, infinitos rezagados en las etapas primarias, secundarias, y abandono universitario, y todo en un marco “de ideologización forzosa”, entre otros tópicos. Y no es un secreto que la crisis educativa afecta con mayor fuerza a las poblaciones pobres, limitando así sus oportunidades.

Nuestro recordado Don Arturo Uslar Pietri (1906-2001), insistía en que la escuela no debía limitarse a la teoría, sino a formar ciudadanos capaces de enfrentar los desafíos de un mundo en constante cambio y evolución. Hablaba de “la formación de espíritus libres”, «de la excelencia como meta”. Abogaba por una profunda reforma en los métodos de enseñanza y una alta calificación de los docentes para adaptar los centros de formación a las necesidades reales de Venezuela. Y cuando aludió a “Sembrar el Petróleo” se refería a invertir lo generado por el oro negro en la formación de sus ciudadanos, pues para él la verdadera riqueza de la nación no estaba en la renta petrolera, sino en la educación de su gente que era la clave para transformar la dependencia económica en desarrollo sostenible.

Amigo lector, entendamos que nadie nace odiando a otra persona por su color de piel, por su origen, por su religión o por su ideología… No. La gente aprende a odiar… Por lo tanto, si aprende a odiar, también puede aprender a amar. El respeto al prójimo forma parte de una buena educación.
Finalmente, invertir en educación es la mejor inversión que existe, porque implica invertir en una mejor sociedad, más justa, más digna, más amable, más comprometida, más productiva. Y lamentablemente no somos “plenamente conscientes” del valor de la educación; de ser así, nos avocaríamos a sembrar buenas actitudes en nuestros infantes y adolescentes, porque así recogeríamos conductas rectas en su vida adulta.

Y aunque siempre existe algún margen de acción o recurso formativo para modificar la conducta de algún coterráneo entre los 20 y 50 años, siempre será más fácil formar a un joven que corregir a un adulto.

Así de simple.

“Las palabras viajan… Algo siempre dejan”


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